¡Tierra trágame!

A la vista está que nos encanta viajar, si no ¿por qué molestarnos escribiendo sobre viajes y aventuras? Y nos encanta viajar de cualquier manera: escapadas de fines de semana sin planear, recorrer nuevos rincones de la ciudad en la que vivimos, descubrir un nuevo destino en nuestras semanas de vacaciones. Sí en hoteles de 5 estrellas estaríamos en la gloria, pero entonces nuestro presupuesto se iría al garete, así que optamos por alojamientos más sencillos, ¿y qué más da? Si al final lo que recordamos del viaje no es dónde dormimos sino qué vimos, qué comimos, con quién compartimos este o aquel momento…

Nos gusta organizar viajes, por supuesto, y dependiendo del lugar y del tiempo ajustar ese viaje al máximo planeando las visitas, el alojamiento o las comidas. Pero seamos serios, no somos tan organizados. Normalmente nada organizamos hasta el último minuto y esto nos da pie a situaciones irrepetibles. Esas “situaciones irrepetibles” van desde momentos mágicos y tiernos hasta momentos vergonzosos de esos en los que la frase “trágame tierra” le va al dedillo.  A veces, como hoy, hay que compartir esos momentos.

Dormir en plena calle (2008)

Durante el invierno de 2008, decidimos visitar Asturias (en el norte de España) desde Madrid. Nacho era el único que tenía carné de conducir, así que fue él quien condujo los 446 kilómetros que separan las dos comunidades y además el que condujo durante nuestra estancia allí. Uno de los días, paramos en un pueblo llamado Cangas de Onis y a la hora de comer fuimos a uno de esos tantos restaurantes con menú del día. Para los que no lo sepan, en Asturias, las porciones de comida no son normales. Así que cuando pedimos fabada (ese plato típico de alubias grandes con morcilla y chorizo, todo de la región), no nos pusieron un plato para cada uno: nos pusieron la olla para los dos. De la olla salían 6 platos en total (3 para cada uno!) y después venía el segundo y el postre además de la sidra con la que ibamos comiendo.

Después de salir de comer en Asturias, uno no lo hace caminando, sino rodando. Llenos hasta la saciedad, cansados y somnolientos, era irresponsable ponerse a conducir los 100 kilometros que nos separaban del hotel en aquellos momentos. Así que ni cortos ni perezosos, nos metimos en el coche, reclinamos los asientos y nos echamos una siesta de dos horas en una calle cualquiera del pueblo. ¡Qué pintas debíamos tener! Cuando abrimos los ojos, la gente nos miraba con cara de “¡qué locos!” o “¡vaya vagabundos!”

¡Tierra trágame!

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Afortunadamente no hay foto del momentazo

Sin madera de tribu (2011)

Cuando Nacho vivía en Angola, viajamos al sur y encontramos a Kihimu, un jefecillo de su tribu (Mucubai). Lo primero es que no habríamos encontrado las pinturas que buscabamos sin su ayuda. Será irrepetible ese momento en el que 5 viajeros intentaban convencer con mímica al mucubai para que se subiera a nuestro coche y nos guiara. Cuando retrocedíamos nuestros pasos y acercábamos a Kihimu a su campamento, Nacho se dio cuenta de que jamás podría haber sido un “hombre Mucubai”. Verás, él se orienta fatal y cuando regresabamos al campamento en la noche cerrada (gracias a las luces del coche veíamos los árboles) y sin ninguna señalización o marca en el camino, Kihimu sabía perfectamente dónde estaba. Eso habría sido imposible para Nacho (y para el resto también) que se desorienta si da tres vueltas sobre sí mismo.

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No contentos con eso, a la mañana siguiente, las mujeres Mucubai vinieron a saludarnos y desayunar con nosotros. Quedó claro que tampoco habríamos formado parte del grupo de “mujeres de la tribu” cuando se rieron de nosotros intentando encender fuego. Sin entendernos, entendimos:

¿Pero no ves que esta rama está humeda? ¿Cómo quieres encenderla? ¡Pero si tienes los escoldos de anoche! Mira un palito nada más y soplar (Nótese el tono de madre regañando)

Y apareció el fuego que tanto deseabamos para desayunar.

¡Tierra trágame!

La reina y su esclavo (2014)

Cuando viajamos a Katmandú, estuve varios días deambulando sola. Y quise visitar el Templo de los Monos. La idea inicial era llegar caminando, sin embargo tras preguntar un poco me dijeron que eran al menos una hora caminando (sin ningún tipo de señalización) y eso ya me apeteció menos. Así que decidí tomar un rickshaw. El muchacho que lo conducía podía tener igual 15 que 30 años (era indescifrable para mi). Negociando por el precio me dijo que el camino era muy duro, y yo pensé que estaba intentando sacar más dinero así que me puse firme.

El principio del camino fue bien, sin mucho esfuerzo. De repente una bajada bastante empinada, el muchacho se baja de la bici y se asegura de ir frenando evitando que yo salga despedida. Luego una cuesta hacia arriba, se vuelve a bajar de la bici y empuja la bici hacia arriba. Y así siguió el camino, una hacia arriba, otra hacia abajo y yo mientras cual reina en el rickshaw mientras por dentro me moría de ver a aquel muchacho imberbe tirando del peso muerto de mi cuerpo y la bici. ¡No podía creer que los que venían en dirección contraria con su rickshaw estuvieran tan tranquilos! Yo sentía que esclavizaba a aquel muchacho, así que por supuesto al llegar, le di la razón y le pagué lo que el había pedido.

Nepal-Monkey Temple

¡Tierra trágame!

Como reyes y debiéndo dinero (2016)

Cuando estuvimos en Isfahán  (Iran) este año, volvimos a tener uno de estos momentos. Cuando viajas a Irán no puedes ni sacar dinero ni pagar con la tarjeta. Así que todo lo que te llevas son € o $ y poco a poco vas cambiando dinero. Nosotros nos llevamos dinero de más (y nos sobró más de la mitad), pero era preferible a quedarse corto. Por supuesto, no lo cambiamos todo de golpe. Eso habría sido perder dinero en los cambios. Así que en Isfahán nos encontrabamos con dinero en riales y también en dólares.

Una noche nos dirigíamos a un restaurante altamente recomendado (y realmente bueno) con muchísima hambre. Así que por el camino íbamos soñándo qué ibamos a comer y que nos íbamos a gastar todos los riales que llevabamos encima (que para lo que suele costar la comida en Irán, era bastante cantidad). Llegamos a un precioso restaurante y comimos de lujo.

-La cuenta, por favor

Juntamos todos nuestros riales y aún nos faltaban bastantes (al cambio eran 2€), queríamos morirnos. ¿Cómo era posible? ¡Pero si llevabamos mucho dinero! Y sobre todo, ¡pero si habíamos estado fardando de todo lo que íbamos a comer y a pagar! Como pudimos, se lo explicamos al camarero (y no porque no hablara inglés, sino porque la vergüenza era tal que no sabíamos dónde meternos). Contó los billetes, miró la cuenta…

Está bien, no pasa nada” nos dijo. Aunque esto no nos quitó la vergüenza.

Iran-Isfahan25
Los 4 implicados

¡Trágame tierra!

Seguro que a ti también te habrá pasado alguna locura de estas, algún momento en los que la frase “trágame tierra” es la única que definía la situación, cuéntanosla en un comentario.

tierra-tragame-1
Si te gustó, Pinéalo!

4 comments

  1. hace 15 días conocí Esfahan, es maravillosa la ciudad, lastima que solo fui un día, y en cuanto a que me pasara algo por no tener dinero, sucedió en Estambul, pero yo me declaro inocente, todo fue culpa de un italiano, en un club nocturno, no hizo un alto en cuanto a lo que nos daban en la mesa y la cuenta resulto ser casi mas de 5oo euros, sali bien librado y a mi me dejaron ir.. pero el italiano tuvo que pagar la mayoría, yo pague un equivalente casi a 80.100 eu…

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  2. […] a Angola pero nos hemos puesto más en serio en el último año. Sólo queremos pasarnoslo bien y compartir nuestras historias, ser útiles para otros viajeros y tener tantos lectores como sea posible. ¿Donde es la próxima […]

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